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Toledo

Descubrí en Toledo un mirador de los que hacen nacer el romanticismo; calles de canto rodado que se hicieron hace siglos; callejones de judería que esconden millones de historias y secretos que se perderán en el aire que llenaba los pulmones con un aroma tricultural. Descubrí en Toledo fantasía, sabores que desconocía, un soniquete al hablar que me encamina hacia un camino especial.   Descubrí recuerdos perdidos y sueños que jamás tuve, pero, en realidad, mi mejor descubrimiento fue una sonrisa y, como si de un ladrón se tratase, la robé y me la traje conmigo. Y aquí estamos, compartiendo minutos como si nada. Volveré y vendrá conmigo y volverá, siempre más grande; siempre más perfecta. Así fue la experiencia, así. Porque Toledo y yo nos descubrimos.

disertaciones de nocturnidad

Reconozco que muchas veces escribo o hablo de una forma farragosa y que puede que la ambigüedad sea mi recurso preferido. Me encanta la metáfora, la imagen; soy amante de lo que Juan Ramón llamó poesía pura y, como poeta que creo poder considerarme, mi mente propone que debo buscarla a cada instante. Sé que puedo dar lugar a mil contradicciones, que desconozco parte del mundo y que, aunque no quisiera, soy una erudita a la violeta en mil aspectos de esta vida que, nos guste o no, nos ha tocado vivir. Pero, de verdad, por mucho que yo diga o haga; grite o actúe; aclame o reclame una acción X o Y creo que llevo demostrándole al mundo mi fanatismo por la retórica ( en cualquiera de sus estadios) desde hace mucho tiempo. Si quiero hablar lo haré con toda la seguridad del mundo y sin esconderme; sin embargo, sólo hay un tema con el que mi valor de verdad se deshace y este es el amor. Yo creo en el amor y al creer y nada más hablo de él como el dios que es. Creo, pienso y me afirmo en...

existencias

Por el desdén de enfrentarme al mundo, cuando bajo esta careta urdida y en un silencio, absorta, me hallo, me encuentro pensándote existencia. Caigo en los pensamientos míos, frágiles cristales de bohemia, rodando ágil; dónde me pongo y no, mi cuerpo sabe. La sombra, mente-perfecta, conozco. Apoyo mis manos sobre mi negra luz, brillante azabache del subsuelo, y reconozco muriendo mi vida, Volando, atrapándose, pasando. No suelo perder nada en el camino, el tiempo pasa solo y yo no paso porque quedo como huella hundida en cada instante que alcanza el cielo. Quiero vivir y, al hacerlo, pudiendo gastar   horas como hago, la vista alzo y juego. Creo improvisar mis cartas mientras el destino sigue sus planes. Y en palacios de Fortuna me adentro, y abriendo a la felicidad las puertas, reclamo todo lo que considero mío; pues cuando grito, solo mi eco atruena. Estamos solos en el mundo, sociales seres seremos, pero cuando escucho ...

Mi " a lo que salga"

Días grises que se tornan al sol, que descubren al mundo una sonrisa que se ocultaba tras los reflejos de una máscara que esconde todo lo que es y no es nuestro. Deseos agónicos que, desde el primer momento en que nos vimos, están diciéndonos todo bajo una capa de silencio que se tensa y destensa en la diferencia de un segundo. Días grises que abren su capa oscura para recibir entre sus brazos un millón de utopías que no sabemos si son vida o muerte momentánea, pero que están tan dentro de nuestras almas que han hecho que perdamos cualquier noción que nos augure una realidad diferente a la que queremos ver y vivir. Y es que no hay más verdad que la propia y más mentira que la que nosotros elegimos. Nuestra vida está en la frontera entre lo cierto e incierto, en el límite que separa imaginariamente lo que está en nuestra mano y lo que nuestra razón no quiere que sea nuestro. Es triste, pero cierto, y por más que deseemos llegar al cielo y rozar con nuestras manos el halo tenue de...

los pensamientos infantiles de Solfae ( Poema)

Si en el crítico instante de la muerte Con aires dulcifico mi existencia, Quisiera que el mundo se callase, Y escuchase y guardase mis secretos. Porque di mil voces aletargadas, Nocturnas efigies abstractas de mi boca, Y he perdido aquella alma, mi alma… Y he perdido el tiempo por momentos. Y aunque creía haber sido pico rico, Me convertí en esclava de aquel mundo. Y aunque supe decir mil veces lo que quise Ahora sé que no sirvió de nada; Porque las palabras ya están en el recuerdo Y aunque los vástagos de la memoria retornan Y me traen el dulce hálito del viento, No está mi voz ni la suya, No hay un “por y para siempre”.

En mis dolores de cabeza

Pasa el tiempo, vuela como ave rapaz que no se detiene ante su presa: pasan los segundos, los minutos, las horas; pasan los días, los meses… pasa todo y nada me pasa porque me he encerrado en mi cobertizo y me he empeñado en no abrirle la puerta a nadie. Intento correr, saltar, dejar de soñar por un segundo y olvidar todas aquellas películas que vi y aquellos cuentos que leí para, así, poder bajar de esta nube y abrir la puerta a algo nuevo. Me he encerrado en mi mundo: autista, callada, soñadora… Me he supuesto errante en una realidad que no me gusta y me callo… Me callo cuando quiero desaparecer de esos instantes en los que la luz exterior entra por mi ventana. Prefiero mi cueva, mi caverna; prefiero no ver nada que ver todo aquello que el mundo me puede dar. Prefiero vivir a oscuras, ignorante de los designios que la vida tiene para mi, ignorante de un mundo en el que yo no asisto a las reglas de normalidad aparente. Yo debí nacer en otra época. Mi pensamiento es tan novelado...

Porque Roma no paga a traidores

Me niego a aceptar que un ego abstraido en el uso de cultismos se escude en su altivez para criticar el amor... Hace mucho tiempo descubrí que el mundo era más grande de lo que querían mostrarme. Cuando estaba en clase siempre hablaban de la reproducción como un acto por el cual el amor de dos personas se traducía, a través de una cópula, en la creación de un nuevo ser (dejando ya atrás los diversos cuentos de semillitas o abejas y flores). Aquel día me di cuenta de que el amor era más que aquella base reproductiva que todo ser humano, como cualquier animal, debería llevar a cabo. El amor era un sentimiento tan amplio como cualquier otro y, como tal, podría sentirse por cualquier persona fuera cual fuese las condiciones que esta tuviera. He visto y sentido diferentes tipos de amor y no por ello me siento extraña. Desde el amor a mis padres, a mi hermano, a mis familiares- ya fueran cercanos o lejanos- a mis amigos y aquellas personas que, por los avatares de la vida, han llegado ...